Se han desarrollado en el mundo una
serie de dispositivos mecánicos, eléctricos
y electrónicos para la detección de los
cambios generados por el fuego para evitar
la propagación del mismo y principalmente
para la protección de las personas.
Existen diferentes tipos de dectores
automáticos en función del elemento
generado por el fuego que detectan. En
este y en los capítulos siguientes se
explicarán los diferentes tipos y sus
principios de funcionamiento.
Los detectores térmicos son los más
antiguos . Comenzaron a emplearse con el
desarrollo de rociadores automáticos. Un
rociador es una combinación de un
detector de incendio activado por el calor
y un dispositivo extintor; cuando el
sistema rociador incorpora indicadores de
caudal de agua conectados al sistema de
control de alarma de incendio. Los
indicadores de caudal detectan el flujo de
agua por las tuberías o el subsiguiente
cambio de presión cuando el sistema actúa.
También existen detectores sin función
extintora que simplemente hacen sonar una
alarma. Aunque este tipo de detectores es
el más barato y es el que tiene el menor
índice de falsas alarmas del resto de los
detectores, su respuesta es más lenta que
el resto.
Sus mejores aplicaciones son la detección
de fuegos en pequeños sectores
restringidos; donde pueden producirse
fuegos con elevado desprendimiento de
calor y rápido desarrollo, en zonas donde
las condiciones ambientales no permitan el
empleo de otros dispisitivos o donde la
velocidad de detección no sea el objetivo
prioritario.
Los detectores responden a la energía
calorífica transportada por convección y
generalmente se sitúan en o cerca del
techo. La respuesta se produce cuando el
elemento de detección alcanza una
temperatura fija determinada o cuando se
llega a una velocidad específica de
cambio de temperartura. Se diseñan para
detectar un cambio prederminado de una
propiedad física o eléctrica de un
material o de un gas.
Existen básicamente varios tipos:
termostáticos, de compensación de
velocidad, termovelocimétricos, neumáticos
en línea cerrado, combinados y de efecto
termoélectrico.
Se accionan para dar la alarma cuando
la temperatura del elemento operacional
alcanza un valor específico. La
temperatura del aire es generalmente mayor
que la de regulación debido a que se
necesita un cierto tiempo para que el aire
eleve la temperatura del elemento hasta el
valor prefijado. A este fenómeno se lo
denomina inercia térmica. Estos
detectores cubren una amplia gama de
temperaturas de funcionamiento que va
desde los 57 ºC en adelante.
Los metales eutécticos o las
aleaciones de bismuto, plomo, estaño y
cadmio, que funden rápidamente a una
temperatura prefijada, pueden emplearse
como elementos operativos para la detección
de calor funcionando como un elemento
fusible. Al fundirse el elemento, se
desprende la cubierta del orificio, el
agua fluye en el sistema y se inicia la
alarma.
También se emplea un metal eutéctico
para activar un detector eléctrico de
calor. El metal se emplea frecuentemente
como soldadura para asegurar un muelle en
tensión. Cuando el elemento se funde, la
acción del resorte cierra los contactos y
se inicia la alarma. Los dispositivos que
emplean metales eutécticos no pueden
reponerse. El dispositivo o elemento
operativo debe reemplazarse luego de
funcionar.
Como altermativa a la detección termóstática
del tipo puntual, se desarrollaron varios
métodos de detección el línea. El
detector emplea dos conductores de acero
que se mantienen separados por aislamiento
termosensible en un circuito normalmente
abierto. Están bajo tensión y forman un
cable único mediante una vaina trenzada.
Caundo se alcanza la temperatura de diseño,
el aislamiento se funde, se cierra el
circuito y se inicia una alarma. Después
de haber funcionado, la sección fundida
del cable debe reemplazarse para restaurar
el sistema.
Otro elemento o dispositivo operativo
de este tipo de detectores e la utilización
de un bimetálico. Cuando dos piezas metálicas
con distintos coeficientes de dilatación
están adheridas y se calientan, la
dilatación diferencial provoca una flexión
hacia el metal de menor coeficiente. De
esta forma se cierra un circuito, abierto
en condiciones normales. El metal de menor
dilatación más empleado es el invar,
aleación del 36 % de niquel y 64 % de
hierro. Para el de mayor dilatación
pueden emplearse aleaciones de
manganeso/cobre/níquel, níquel/cromo/hierro
o acero inoxidable. Los bimetales se
emplean como elementos operativos de
distintores detectores de temperatura
fija. Generalmente dichos detectores son
de dos tipos: lámina bimetálica y disco
bimetálico de acción de resorte.
En los del tipo lámina bimetálica,
cuando se calienta la lámina, esta se
deforma en la dirección del punto de
contacto. Con un bimetal determinado, la
amplitud del juego entre contactos
determina la temperatura de
funcionamiento.
El segundo tipo emplea como elemento un
disco bimetálico de forma cóncava en un
estado libre. Generalmente, se une un
colector de calor a la armadura del
detector para acelerar la transmisión de
calor desde el aire del reciento al
bimetal. Cuando se calienta el disco, se
provocan esfuerzos que invierten la
curvatura, la cual se transforma en
convexa. Esto genera una rápida acción
que cierra los contactos de la alarma. El
disco no forma parte del circuito eléctrico.
Todos los dectectores de calor que
emplean elementos bimetálicos se
autorreponen automáticamente después de
funcionar, cuando la temperatura ambiente
cae por debajo del punto de
funcionamiento.